Sobre el Efecto Perspectiva y la Común Unión

Cuando era una niña, sentada en mi habitación, disgustada por algo que no recuerdo, mi madre vino a mi lado y, acompañándome, me hizo prestar atención a las estrellas que se veían esa noche a través de la ventana. Comentó, como sin importancia, que, aunque parecieran unos puntitos minúsculos eran inmensas, más grandes que todo nuestro planeta, que las veíamos así porque estaban muy muy lejos. Pensamos juntas como se vería la Terra desde allí, quizás ni se apreciaría. Si no se veía siquiera el planeta entero, que pasaría con nosotras, pequeñas humanas. Y aún más, que pasaría con mi disgusto, que en aquel momento ocupaba todo el campo de mi existencia.

En un pequeño momento inmenso me sentí parte de algo más grande que mí misma, que trascendía mis límites y me hacía sentir a la vez minúscula e infinita.

Siempre me gustaron las paradojas, esas contradiciones que nos dan “error cerebral”, que no “pueden ser” desde la lógica, mas son, las sientes y experimentas.

El mundo de las emociones, que no se guía por el razonamiento lógico, está lleno de ellas. Cuántas veces no sentimos alegría en la nostalgia, o miedo ante algo ilusionante a la vez, por poner algún ejemplo.

Estos “contrasentidos”, estos impactos asombrosos, tan frecuentes en el arte, son a mi parecer puertas a algo más grande, que abraza esas realidades aparentemente opuestas.

Tendemos a ver nuestra realidade en términos duales, diferenciando dos extermos contrapuestos, que muchas veces tienden a luchas entre ellos. O “gana” uno o el otro. O soy valiente, o tengo miedo; o soy débil o soy fuerte; o estoy alegre o estoy triste… Nos reducimos en esta disyuntiva, y ni tan siquiera contemplamos que haya otra opción posible.

Nuestra mente intenta ordenar estos términos supostamente opuestos poniéndolos en conflicto. Aparece así esa “batalla interna” que tantas veces se representó como el demonio y el ángel discutiendo con todas sus argumentaciones y argucias encima de los hombros de un/a pobre aturdidx. Cuando no son un batallón de personajes internos los que montan un alboroto interior que aturde y aprieta todo nuestro ser.

Y yo me pregunto si no es necesario sentir el medo para ser valiente. Si non es en el reconocimiento y en el contacto con nuestra vulnerabilidad donde nace nuestra fuerza. Y ya no pregunto, sino afirmo, con la certeza de numerosas experiencias compartidas, que de la vivencia del dolor surge la belleza más inesperada, profunda e indescriptible.

No tendría sentido nombrar una realidad en oposición a otra inexistente, hacen falta los dos polos para conformar una unidad que está por encima de esos extremos. Que abraza a ambos en convivencia, sin que uno gane y el otro pierda, sin que uno sea mejor que el otro.

Si cambiamos de perspectiva y nos alejamos un pouco de esa batalla a la que tendemos – especialmente en la visión de la cultura occidental – podremos ver esas dos, o más, partes en conflicto – ya sean pensamientos, emociones, recuerdos o cualquier otro fenómeno mental – y darnos cuenta que es algo que está más allá lo que percibe esto.

Esta figura de testigo que observa y deja ser lo que es, sin apegarse o identificarse con alguno de los “bandos” encuentra con esta actitud un lugar donde no se experimenta el conflicto, encuentra un lugar de paz.

Y así llego a lo que me movió a escribir estas líneas, que me conectó con el recuerdo de mi infancia, y da nombre a este post: el Efecto Perspectiva.

También llamado efecto de visión de conjunto – “overview effect” – es un fenómeno descrito por primera vez por los astronautas tripulantes del Apolo 8 que en 1968 tuvieron la oportunidad de ver nuestro plantea desde fuera de la órbita terrestre.

El efecto perspectiva se define como un cambio cognitivo de la conciencia derivado de la percepción de la Tierra desde el espacio. Además de una emoción estética, esta visión global conlleva una comprensión profunda de la interconexión de todos los seres vivos y un renovado sentido de responsabilidad hacia el cuidado del planeta.

En este corto documental [Overview] podéis escuchar en primeira persona a diferentes astronautas que lo vivieron y como en la búsqueda del significado de esa experiencia vital encontraron una única referencia en el Savikalpa Samadhi de la filosofía hindú del Vedanta Advaita, que profundiza en la No-dualidad.

Tomar perspectiva, comenzando en relación a nuestro interior y continuando por observarnos como especie dentro de este planeta, me parece la invitación más acuciante que nos dejan estos días de pandemia mundial.

Recordar que somos parte de algo más grande, darnos cuenta de la unión común y experimentar esa comunión.

Abrir la puerta que nos hace identificarnos con “ese pensamiento” y atravesarla llegando a ese espacio donde son quien lo piensa – ese pensamiento y otros muchos –. Abrir la puerta que nos mantiene encerradxs en el conflicto con una persona cercana y pasar a ese espacio donde somos diferentes mas ambos humanos y por lo tanto comunes. Atravesar los límites que vamos creando para apartarnos unxs de los otrxs, para ver la diferencia, ya que la realidad es que todxs convivimos en la misma casa y es la única que tenemos.

Quizás sea el momento de volver la vista de nuevo hacia ese pequeño punto azul pálido y que las palabras de Carl Sagan sirvan como cierre:

«En mi opinión, no hay mejor demostración de la locura que es la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, recalca la responsabilidad que tenemos de tratarnos los unos a los otros con más amabilidad y compasión, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que jamás hemos conocido».

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